Pero no quiero hacer un estudio sociológico, ni mucho menos. Tan solo contar mi experiencia personal a través de estos años.
Ante todo, reconozco que estoy obsesionado con este deporte. No vivo pensando en el día en que consiga unos brazos de 45 centímetros, envueltos en venas a punto de estallar. O unos pectorales tan macizos que pueda «clavar» monedas entre ellos.
¿A qué se debe? ¿En que momento antepuse el culturismo a tantas otras cosas?
Algunos se apuntan al gym tratando de conseguir el cuerpo de su super-heroe de cómic favorito, otros para recuperarse de una lesión, otros tantos chavales de 55 kilos por simple vergüenza al quitarse la camiseta en la playa... Pero, ¿y yo?
Yo no era más que un crio debilucho que pretendía coger algo de fuerza antes de adentrarse en las artes marciales, las cuales me apasionaban. El culturismo me enganchó de lleno (la segunda vez que me apunté, todo hay que decirlo) y jamás aprendí a hacer una kata. Hoy todavía me veo como aquel crio debilucho, igual que el primer día que comencé a entrenar, a pesar de los 33 kilos de diferencia.
Ha habido momentos buenos y momentos malos, pero de todos creo haber aprendido algo. Reconozco haber estado obsesionado hasta límites que me niego a confesar, sobre todo en temas de nutrición.
Pero de aquello aprendí una valiosa lección y es que no se puede forzar siempre al cuerpo. Al final este se defiende, es inevitable.
Hoy llevo mucho mejor lo del tema de las dietas, y cuando miro atrás y veo todo lo que llegué a hacer, me doy cuenta de que me encamino a ser una persona más cabal.
He leido chorradas acerca de los esteroides. Muchas. Los defensores del término «vigorexia» (los mismos que jamás le echarían una mano a un ciclao), hablan del peligro de los roides. Pues bien, los momentos en que mayor era mi obsesión era absolutamente natural. Aun faltaban años hasta que probara las efedrinas.
Y si las tomé al cabo de mucho tiempo puede que se debiera a mi obsesión, pero al menos empleé mi dinero en algo que tiene efectos demostrados, los cuales aprendí, y creo poder decir que sé manejar en mi favor. No compré algas raras o cápsulas de té verde pensando que perdería quince kilos antes del verano, como hacen much@s. ¿Quién es el idiota entonces?
De acuerdo, me juego la salud, años de vida... ¿y qué? Es mi vida, yo escojo como pasarla. No tienes que comprenderlo. Es culturismo. ¿Qué hay que comprender?
Al menos, aquí no hago daño a nadie. Yo tampoco puedo comprender algunos modos de pasar el tiempo, como ser testigo de carnicerías en directo con un pobre animal, observar como un grupo de tios cobran cientos de millones por sus habilidades con los pies y un balón...
Vivimos en una sociedad extraña. Algunas cosas son bien vistas y consiguen el aplauso generalizado, como hacer ostentaciones de dinero, ser un trepa, etc.
Sin embargo, obtener un poco de músculo, ganado duramente (dan igual los roides, sigue siendo trabajo duro) es tachado por la inmesa mayoría de «pérdida de tiempo», «enfermedad», etc.
No estoy tan mal como creía:
Leyendo sobre la «vigorexia» he visto casos de chavales que se pesan tres veces diarias y se miran al espejo una docena de veces. ¡Buf! Cada vez parece que estoy más lejos de ser un vogoréxico. ¡Eso me consuela! Y es que, a pesar de mi afición/obsesión por el culturismo, creo haber madurado bastante.
Opino que es normal hasta cierto punto el obsesionarse con algo. Es la naturaleza del hombre. A algunos les da por el cine, el video, el manga, el porno, la Playstation, etc. Estas aficiones pueden recluirles en su casa durante días, lo cual tampoco creo que sea muy sano.
Otros se obsesionan por ganar dinero y tener más posesiones. Seamos realistas, el hombre es obsesivo. Cuando algo se le mete en la cabeza, no para hasta conseguirlo. De otro modo, se tiene la sensación de haber fracasado. ¿Por qué iba a ser el culturismo algo distinto?
Cuando querais fijaros en la obsesión por el culturismo, apuntad algo más alto. Id a la raíz del problema. Aquel con un actitud obsesiva, lo sería en cualquier otro campo, o en varios a la vez. No es el culturismo lo que genera la obsesión. Ésta ya estaba oculta dentro de uno mismo, tan solo busca un desencadenante para aflorar.
Mi camino:
Dicen que puedes sacar a un tigre de la jungla, pero no la jungla de un tigre. El culturismo estará siempre dentro de mí, puede que no sea lo mejor para mi salud, pero tantos otros se la destrozan sin mayores motivos...
Me encamino a ser ese hombre grande y fuerte tanto en cuerpo, como en mente, que aspiro llegar a ser.
Cuando vuelvo la vista, veo lesiones y obsesiones de las que creo haber aprendido. Sorteo los obstáculos... trato de llevar un vida normal, aunque no siempre es posible.
Tal vez mi aspecto fuera mejor si siguiera unos patrones más estríctos, pero como no voy a competir jamás y al único que quiero impresionar es a mí mismo, estoy contento con el modo en que llevo las cosas.
No quisiera vivir de otro modo.
Dedicado a la memoria de GUILLE (Culturista argentino)
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este mensaje no expresa mis experiencias!



































